Un pingüino en mi ascensor en la Semana Grande de Santander

Confieso que antes del concierto no tenía ni idea de quiénes eran Un pingüino en mi ascensor. Lo habéis adivinado, vaya: me llevaron medio obligada. Mientras Wikipedia y Óscar me iban informando del tema, la Plaza Porticada de Santander se fue llenando de gente de mediana edad (algunos más talluditos y otros más jóvenes; incluso unos de despedida de soltero) y al final nos juntamos bastantes personas.

Como iba sin expectativas, allí podía pasar de todo, pero el hechizo funcionó: me encantaron.

Mario y José Luis, el dúo que integra esta banda, son tremendamente simpáticos. Eso es así. Tienen una naturalidad y una frescura que no te crees que lleven ahí desde el año 87, cuando tú aún no habías ni nacido. Se nota que no se aburren sobre el escenario, y eso es bueno. Nos reímos lo que no está escrito con ellos y con sus letras, y es que tienen un don para arrebatar melodías de canciones famosas y transformarlas en un cachondeo padre.

Y toda la Porticada coreándolos. No sé ni cuántos bises dieron, pero les costó despegarnos de la plaza. Ojalá más el próximo verano… o donde los volvamos a encontrar. Irrepetibles. Pocas veces me he reído tanto en un concierto.

Uno de los hits de la noche, ojo al baile de las salidas de emergencia ;).

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