Sobre mí

Irene Zamora Martínez

Nací en la calle Santa Lucía 49 uno de esos días soleados y de viento sur que abundan en Santander en el mes de septiembre. Mi abuela siempre recuerda de mí cómo le agarré el pulgar con fuerza apenas una hora después de nacer, y mi abuelo cómo me enfadé con él un día en un parque de Santoña. Crecí oyendo la sirena de la lonja los domingos por la mañana en el pueblo y creyendo que una noche vería una figura negra bajar la escalera de caracol del desván. Tuve una bicicleta roja, heredada de un primo segundo que vivía en las afueras de Bilbao. Cuando leí “La historia interminable” aprendí a odiar los finales. Por eso, es mejor dejarlos abiertos.

Filología Alemana. Valladolid.

Colonia. O Köln.

Madrid.

Salzburgo.

Pero siempre Santander.